Los bebés nacidos en verano tienen mejor salud que los que nacen durante el resto del año. Parece una afirmación mística, pero los científicos han demostrado en un estudio reciente que esta impresionante creencia podría ser verdad.

Este estudio es "un análisis tardío", afirma el economista Douglas Almond de la Universidad de Columbia, que no ha participado en el estudio. "Quizá no tuviera suficiente relevancia, pero supera toda evidencia esperada". Ya en 1930, los investigadores anunciaron que los niños nacidos en invierno eran más propensos a padecer problemas de salud a lo largo de su vida: escaso crecimiento, enfermedad mental y muerte prematura. La explicación se daba por las condiciones propias del invierno, más enfermedades, temperaturas secas y un alto nivel de polución, que podrían afectar a las madres próximas a dar a luz volviendo al feto más vulnerable. Actualmente, tras observar los datos demográficos, la situación es más compleja.

Las mujeres negras, solteras y sin estudios, son más propensas a tener hijos con problemas de salud y de desarrollo. Estas mujeres suelen concebir durante los seis primeros meses del año, descartando los posibles efectos estacionales sobre el feto de la teoría anterior.

Las economistas Janet Currie y Hannes Schwandt, de la Universidad de Princeton cuentan con una nueva propuesta para resolver esta compleja cuestión, empleando datos de Nueva Yersey, Nueva York y Pennsylvania sobre los niños nacidos entre 1994 y 2006.

Para controlar el estado socioeconómico, el estudio, publicado este mismo mes en las actas de la Academia Nacional de Ciencias, solo se ha realizado con hermanos nacidos de la misma madre, concluyendo que el modelo estacional persiste.

Según este reciente estudio, mayo es el peor mes para concebir, ya que estos bebés tienen el 13% más de probabilidades de nacer prematuramente, teniendo una gestación más corta de lo habitual. Según afirmaron las economistas.